Los recuerdos de su infancia, en la región westfaliana de Sundern llevan una sonrisa a los labios de Christian: “Mi madre francesa se había impuesto a mi padre alemán. Los dos pasaron la frontera en automóvil hasta su casa y yo fui alemán.” La madre de Christian, Genevieve, era del entorno de Lamballe, una pequeña ciudad de la Bretaña francesa. Pero estaba harta del clima atlántico con sus continuos cambios, marcado por la alternancia entre borrascas y anticiclones. Y la hermosa francesa aprovechó la oportunidad que se le ofrecía por su relación breve, pero con consecuencias severas, con el ingeniero Erwin y abandonó Francia para siempre. Cargaron el “2CV” con todo lo que pudieron, para dejar suficiente espacio a la chica en avanzado estado de gestación y la joven pareja emprendió camino hacia Alemania, hacia Sauerland, el hogar de Erwin. A poca distancia de la casa de los padres de él fundaron su propia existencia. Y poco después llegó Christian. Lejos de sus raíces bretonas, el retoño no tuvo ningún contacto con el oficio de su abuelo, ostrero.

Christian creció en el mundo protector de la década de 1960. Su madre, una mujer muy culta, insistió desde el comienzo en que creciese siendo bilingüe. Y todavía mejor: aprendió a moverse por ambas culturas, la alemana y la francesa. Desde pequeño se dio cuenta de que su madre ejercía un atractivo especial en los hombres. Debido a su naturalidad tenía muchos admiradores. Era demasiado hermosa para pasar por algún lugar y ser ignorada. En el páramo poco poblado de Sauerland era una estrella con luz propia.

Su primer encuentro con la materia que cambiaría la vida de Christian para siempre lo recordará con respeto y cautela: “Hochsauerland”, dice susurrando “era para mí un lugar lleno de secretos”, con su padre hizo muchas excursiones por la sierra de Rothaar, hasta lo alto del Kahlen Asten. Debido a la altitud de más de 800 metros, el clima ahí es casi alpino, y Christian vio por primera vez con admiración la maravillosa variedad de la flora que dan importancia a Sauerland más allá de su región.

Como un reflejo y antes de poder leer y escribir comenzó a coleccionar flores. Las secaba entre las páginas de sus libros de cuentos, pues no le interesaba lo que contaban. Más tarde guardó sus colecciones en baños de agua y aceite, más tarde el “pequeño científico” anotaba y dibujaba todo lo que llamaba su atención en sus diarios.

Por aquel entonces falleció su madre. El vacío era indescriptible. Cuando vio en la capilla del cementerio su cuerpo inerte “pálido y vacío” como dice hoy, sus sentimientos pudieron con él. Lo único que pudo hacer fue echar a correr. Se marchó corriendo a un lugar de la naturaleza, hasta lo alto de la cordillera, el entorno que conocía y que se había convertido en su hogar. Arrancó hierbas de la tierra, flores de las plantas, sacó musgo de las rocas. La colección la llevó rápidamente a su laboratorio, maceró las plantas en el mortero y preparó una tintura para su amada madre…

Fue un camino largo y difícil, en cuya meta Christian llegó tras un estudio universitario de Biología y Química y un trabajo de poca duración como botánico se vio en la industria de la cosmética. De su pasión inicial por la bioquímica con el paso de los años se generó una sed de conocimientos insaciable. Estaba fascinado por la “ciencia de los procesos químicos en los seres vivos”, en una palabra: el metabolismo. En concreto quería descubrir el secreto de cómo se podrían retardar o incluso parar los presuntos procesos biológicos. “¿Cómo se para el envejecimiento?” era una de las preguntas que le interesaban enconadamente. Desde hace unos años tiene unos resultados excelentes en el ámbito de la investigación de los efectos de los receptores para influir positivamente en el metabolismo humano. Christian sabe por qué, cómo se puede retardar el envejecimiento biológico.

Los críticos le acusan sin tapujos de que nunca olvidó la expresión del rostro de su hermosa madre en el momento de su muerte. “Y eso qué importa”, les responde Christian. “Los hombres grandes necesitan retos importantes. Mi reto es resaltar la belleza de una mujer hermosa.” 

Muchísimas mujeres le dan las gracias por su trabajo. ¿Cuándo estará usted entre ellas?

© 2018. Christian Karl